Es mejor no abrir la boca

        Es mejor no abrir la boca... 

        Hace unos meses una persona me dijo que ella nunca haría algo porque eso iba en contra de sus principios, en lo que ella creía y no sé qué... Le respondí que "es mejor no abrir la boca". Me preguntó qué quería decir con eso y le dije que es como: "al que escupe para arriba en la cara le cae", o, lo que dices que nunca harás es lo que más rápido terminas haciendo. Sé que no siempre es así, pero semanas después me escribió diciéndome: "Sabés, es mejor no abrir la boca. ¿Te acordás de lo que te dije aquel día que nunca lo haría?, pues lo terminé haciendo y me duele aceptar que lo hice, cuando ya había dicho que nunca lo haría."

        Yo siempre fui el estudiante de las buenas notas, tanto en educación básica, como en bachillerato y en la universidad. Parecía que por eso, siempre tendría todo a mi favor y que la vida siempre me sonreiría dándome las oportunidades que siempre se le prometen al "mejor". Sucedió que, una vez que estaba dando una clase, ya como profesor, le dije a los estudiantes "que estudiaran para no tener que vender verduras en el mercado" y me sentí como un gran superhéroe pues según yo había dado un gran consejo. Escuché el "eeeeeeh" humillador de los estudiantes quienes volvieron a ver a una de sus compañeras que tiempo después me di cuenta que vendía en el mercado. Reconozco ahora que mi comentario fue innecesario, fuera de lugar y clasista. No tenía nada de malo vender en el mercado; pero yo todo el tiempo había escuchado a los profesores decir eso y lo repetí en esa clase delante de todos y todas pues ahora me correspondía a mi como profesor hacerlo para supuestamente motivar a los estudiantes a ser mejores, pero eso implicaba menospreciar a otras personas y lo que hacen. La estudiante no dijo nada. 

       Pensé que por ser profesional nunca me vería en aprietos teniendo que hacer algo que estuviera fuera de lo que un profesional hace; y la vida da cachetadas fuertes que duelen. No vendí en el mercado, no he vendido aún (pues no puedo decir que nunca lo haré porque "es mejor no abrir la boca"). Pero resulta que, en 2017 me ví forzado a salir del clóset y perdí contacto con mi familia (de quienes estuve distante por casi 6 años); perdí mi empleo y varias amistades. Me tocó vivir solo y me ví la vida de palitos. Mi vida no había sido la más acomodada; tuvimos dificultades económicas en casa con mis papás, pero ahora estaba yo solo, no tenía a nadie a quien decirle que no tenía dinero para poder comprar comida, aunque afortunadamente tenía un techo y una camilla y una sabana para poder dormir y un poco de ahorros que había hecho mientras trabajé el año anterior, pero el dinero se iba acabando. Pasé unos días desayunando y almorzando en un solo tiempo pues no tenía para hacerlo por separado. Algunas veces podía comprar café pero no compraba azúcar; algunas veces compraba tortillas y no compraba queso. Es decir, estuve muy limitado de dinero. 

         En El Salvador es común que haya personas que se suban a los buses a vender algún producto, a pedir dinero o a cantar; era algo que de alguna manera me molestaba pues quería viajar tranquilo en el bus de regreso a mi casa volviendo de la universidad o del trabajo cuando lo tenía; pero resultó que, la salida inmediata que se me ocurrió en ese momento para hacer dinero diariamente fue ir a cantar a los buses. Le escribí a un amigo, que había sido mi estudiante el año anterior y que tocaba guitarra, para que ensayáramos y fuéramos a cantar a los buses y lo hicimos; la gente nos daba monedas y con eso teníamos para comprar la comida del día y para poder pagar el alquiler y otros gastos. 

          Pensé que nunca diría delante de las personas de un bus: "Estimados pasajeros, disculpen la molestia que le venimos a ocasionar. Queremos entonar un par de canciones esperando que sean de su agrado.... Pasaremos por cada uno de sus asientos esperando que nos puedan colaborar con lo que sea de su voluntad". 

       Ahí estaba yo, el profesional, el niño de las buenas notas, a quien en ese momento la vida lo tomó y le enseñó a no menospreciar nada. Y nada es nada. Porque ese también es un trabajo y digno; también lo es vender en el mercado. En esos momentos recordé las crueles palabras que salieron de mi boca en aquel salón, menospreciando el trabajo de quienes venden en el mercado. Me di cuenta que muchas veces no reflexionamos lo que decimos, pero también la vida se encarga de darnos lecciones. Y me tocó aprenderlo con esta y muchas otras situaciones, pues en los muchos aprietos me tocó también ejercer el trabajo sexual. En algún momento dije que nunca lo haría y que siempre hay otras formas de salir adelante e insistí en que eso no estaba bien y que bla bla bla; pero ahora puedo decir que, aunque yo sostenía que nunca lo haría, no siempre las cosas salen como uno lo piensa y la vida me dijo: "mejor no abrás la boca".

        Por esa razón le dije a esa persona que tuviera cuidado en decir que nunca haría algo por estar en la situación que estaba, porque esas situaciones cambian; pues es más fácil que lo haga antes de que termine de decir que nunca lo hará. Nuestros comentarios vienen desde nuestra moral y del hecho de querer sentirnos superiores que los demás por el hecho de estar en la situación, estado o posición en dónde estamos. Nos creemos más que los demás porque en ese momento estamos en una mejor situación o por "no caer tan bajo", pero nunca sabemos cómo pueden cambiar las cosas en el futuro. No voy a decir que nunca volví a emitir un juicio como lo hice en ese momento, pero quizá he sido más consciente y cauteloso de no apresurarme a opinar o a decir que nunca haré algo, desde mi moralidad, porque la vida me ha enseñado que algunas veces se está en una situación que deseamos y otras veces nos vemos forzados a estar en una situación en la que nunca pensábamos estar. 

       Por eso, es mejor no abrir la boca... Porque más rápido estamos haciendo eso que dijimos que nunca íbamos a hacer. 

        

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