EN EL SALVADOR NO HAY NEGROS... HASTA QUE HAY QUE INSULTAR A ALGUIEN
Cuando era niño, recuerdo haber escuchado varias veces en mi familia extensa expresiones como "uy, ese hombre negro", "a esa mujer negra no le comprés", "¿Y con esa negra te vas a casar?", y muchas otras expresiones que hacen referencia a la negritud pero en un sentido de rechazo y desprecio.
Cuando iba a quinto grado, recuerdo que un día el profesor me pidió que le ayudara a dictar el texto para que los demás escribieran. Él tenía la costumbre de indicar el cambio de color de lapicero según considerara conveniente para resaltar ya sea el titulo o un concepto relevante. Solía decir: "cambio a rojo, cambio a negro, cambio a azul". Como al dictar, leyendo desde su cuaderno, yo repetía la misma dinámica me llamó y me dijo: "Cuando indiqués el cambio al color negro decí: cambio a (y me dijo el nombre de mi compañero que además era mi primo)." Yo, siendo un niño de 10 u 11 años, lo obedecí y al escuchar esto todos se rieron incluido el profesor, menos mi compañero, obviamente, quien en el momento no hizo nada, pero que buscó golpearme cuando salimos a receso. Él se acercó a reclamarme y los demás compañeros me defendieron; sin embargo ahora puedo ver esa situación con otros ojos.
A él siempre le llamaron "el negro", y pocas veces le llamaban por su nombre. Y aunque había otro compañero al que le decían "chele" (una forma de llamar a una persona de piel clara en El Salvador, algunas con ojos y cabello claro), no tenía la misma carga que tenía "el negro". Además, en una forma de racismo internalizado y de busca de aprobación, mis otros compañeros y yo nos comparábamos a veces no de manera intencional, pero sí sucedía, para determinar quien era menos negro. Lo que hicieron mis compañeros al defenderme fue una muestra de seguir culpando siempre al negro por su "agresividad" que más bien es una forma de defensa ante las situaciones de racismo que vive. Yo era un niño que siempre llevaba buenas calificaciones, y él no. Esto denotaba también quien podía ser más válido en una sociedad por lo que sabía hacer.
Con el paso del tiempo observaba otras situaciones que no comprendí en ese momento, pues decían que en El Salvador descendemos de españoles e indígenas, mas no de africanos. Había piezas que faltaban... y me preguntaba porqué había personas en mi cantón (aldea, pueblo) que tienen rasgos afro si supuestamente aquí nunca hubo africanos. Fue hasta 2017 que conocí a Marielba Herrera, una antropóloga afrosalvadoreña que fue a dar una ponencia sobre San Benito de Palermo, un santo negro patrono de Ereguayquín, y que al ver mi cabello afro me dijo: "Vos sos afrodescendiente", a lo que yo respondí: "pero si yo no soy negro". Me explicó que la afrodescendencia no solo era el tono de la piel, era también el cabello, labios, nariz, altura, en fin, otros rasgos fenotípicos. Debo confesar que, incluso al haber ido a cantar ese día a ese evento con un amigo, yo no sabía de qué se trataba. Cuando nos invitaron pensé: "ah, los afrodescendientes, a saber quienes son", pero nunca pensé que podría ser yo también. Ese fue el día en que se encendió esa luz que alumbró para poder despejar todas las dudas que traía incluso desde niño.
Me comencé a involucrar en colectivos y en actividades relacionadas a la afrodescendencia. Comencé a leer y fui a visitar los lugares que aparecían en la literatura y así logré obtener información y conocer personas que me guiaran para crear una ruta en El Salvador con lugares relevantes en la historia afrodescendiente, estos son:
- Atiquizaya, en Ahuachapán, donde hay población que se auto reconoce como afrodescendiente y donde se prepara una comida afro llamada "La cochinita";
- San Vicente, en la zona paracentral, donde se encuentra un árbol centenario al que conocen como "árbol de los esclavos" o "árbol de los lamentos", donde cuentan que se hacía la compra y venta de esclavizados en el periodo colonial.
- Zacatecoluca, también en la zona paracentral, donde se encuentra un monumento que oficialmente fue dedicado a José Simeón Cañas, a quien se le considera como libertador de los esclavizados. Sin embargo, escondida entre los árboles hay una figura de un hombre negro, que debería ser más bien quien tendría que estar en frente a la par de la otra figura, una mujer negra levantando a un niño con sus manos.
- Ereguayquín, en el departamento de Usulután en el oriente de El Salvador, donde su patrono es un santo negro llamado San Benito de Palermo y al que le dedican la danza de los Tabales en mayo.
- San Alejo, también con población afrodescendiente y donde se hace aun artesanía de piedra, una de las razones por las cuales fueron traídos africanos a este lugar, además del añil y las salineras.
- Meanguera del Golfo, una isla, el punto más austral (más al sur) y oriental de El Salvador, donde hay también muchas personas afrodescendientes en la actualidad. Me tomó varios meses hacer este recorrido, un esfuerzo personal por descubrir esa historia no contada, mucho de ello documentado en mi canal de YouTube: Carlos Lara Dibujo.
En todo ese recorrido (que aun no termina) he escuchado tantas historias que la gente se ha atrevido a contar, de casos de racismo en sus familias, en los trabajos, en los centros educativos, en las iglesias, donde, si bien es cierto existe el mestizaje, se prefiere la blanquitud por encima de la indigeneidad y la negritud. Esta última es reconocida solamente si se quiere insultar a alguien a través de sobrenombres, y no es que las palabras en sí tengan ese significado, sino es más bien el contexto y la intención con que las personas lo digan, podríamos mencionar: "el haitiano", "africano", "chocho" (nombre despectivo asignado a personas de Nicaragua que generalmente se asocian también con la negritud y con la delincuencia), "la cubana", "cheje", "pijuyo", "pelo de brócoli", "nido de guacalchilla" y el típico "el negro", "la negra", "prieto", "morado", este ultimo para referirse que esa persona es de piel tan oscura que ya llega a verse de tono morado. Si bien es cierto somos un país con mucho mestizaje, eso no significa que la población sea homogénea y que viva en igualdad de condiciones. Además, he observado tanto en la cotidianidad como en las redes sociales que, cuando una persona salvadoreña acepta su negritud y se reconoce como negro/afrodescendiente, las demás personas dicen: "aquí no hay negros". Es contradictorio pero se puede entender y explicar tomando en cuenta los sucesos históricos que ha vivido El Salvador.
Primero, es contradictorio porque, si bien es cierto dicen que no hay negros en El Salvador, usan ese término y otros sinónimos para reconocer que una persona no encaja en el prototipo de como es un salvadoreño y lo relacionan con la africanidad y la negritud. Es entendible también porque, como parte de un racismo que tiene siglos de existir, sigue estando presente en la actualidad. La expresión "mejorar la raza" no es en vano, y estaba tan presente en el periodo colonial como en la actualidad. El proyecto liberal de finales del siglo XIX y principios del siglo XX buscaba unificar la nación en una sola identidad mestiza que borrara las diferencias, tomando como ejemplo a seguir Europa, dejando de lado la identidad indigeneidad y negritud que según creían, desaparecería con el tiempo. Así, David Joaquín Guzmán, escribe en 1916 en El Libro Azul:
"La última mezcla que habita nuestros suelos resulta, es la de los zambos. Em zambo es producto del indio con negra. Son de una rara fealdad sobre todo cuando llegan a viejos. En cuanto a sus facultades intelectuales sacan el término medio de ambas razas (...) presentan el prototipo de la abyección y la miseria y por tanto entre ellos pululan los malvivientes y facinerosos."
Reconoce la negritud, pero no para ensalzarla, sino para rechazarla y marcar diferencias entre ladinos y otras "razas" consideradas como superiores, de las consideradas inferiores. Además, siempre reluce el mito de que Martínez echó a la población negra de El Salvador (algo que no se ha llegado a comprobar aun según documentos y que más bien de lo que se tiene registros es de la prohibición de la entrada de ellos al país) hace que exista un rechazo y negación de la negritud incluso institucionalizada. Resuena también aquello de "El Salvador es el país más mestizo/blanco de Centroamérica", dicho con orgullo. Sin embargo, cuando vas a las calles logras ver que la huella de la indigeneidad y la africanitud sigue estando presente, incluso cuando te ves en el espejo o ves a los miembros de tu familia.
Basta con prestar atención a los sobrenombres que se le adjudican a las personas con un fenotipo evidentemente afro, independientemente de si la persona conoce su origen o si se auto reconoce como afrodescendiente; para ese reconocimiento existe una sociedad racista que se encarga de recordárselo y echárselo en cara de manera que la persona pueda rechazar lo que es. Muchas mujeres, sobre todo, alisan y planchan su cabello rizado, colocho o muruso; algunas usan maquillajes claros en su rostro que contrasta con la piel más oscura evidente de su cuello y resto del cuerpo. Los hombres cortan su cabello tratando de borrar la evidencia de sus cabellos rizados, practica que queda a partir de la norma insistente de cortar el cabello en las escuelas al estilo militar. Sin embargo hay características que no se pueden esconder: la forma del rostro, los labios, la nariz, el tono de la piel; y tendría que volver a nacer y hacerlo de padres blancos, para tener otras características.
Muchas personas, académicos incluso, consideran que este no es un problema relevante, que más bien se debería estudiar las relaciones socio-económicas de los grupos, como quien dice: proletarios-burgueses. Pero, ¿de qué color son la mayoría de proletarios que viven en condiciones económicas precarias y de qué color son los dueños de las empresas millonarias de este país, cuyos apellidos son dificiles de escribir y pronunciar porque algunos ni si quiera están en español? Basta con escuchar las historias e incluso verlas en la cotidianidad, donde se evidencia como esto afecta en la autopercepción y autoestima de las personas. Como cuenta un profesor de Atiquizaya a quien entrevisté hace un par de meses: "A mi siempre me dijeron negro, jetón, trompudo, prieto; y yo nunca fui un buen estudiante en la escuela porque eso que me decían me hacía sentir mal y pensaba que por ello no podía ser capaz de ser un buen estudiante". O como le dijeron a una mujer de Chalchuapa en una de las capacitaciones del Tribunal Supremo Electoral: "y usted, ¿que tiene que estar opinando aquí si ni ha de ser de aquí?, es muy negra para ser salvadoreña. De seguro los del frente (FMLN, partido de izquierda) la trajeron de Cuba para votar aquí".
El racismo es un problema que sigue estando presente en El Salvador, por más que se quiera negar, por más que se quiera utilizar teorías para tratar de explicar que si no existen razas no existe el racismo, o que son pocos quienes lo pueden experimentar. Yo comencé en 2017 mi proceso de auto reconocimiento como afrodescendiente (sin dejar de reconocer que también tengo herencia indígena y española) y comencé a prestarle atención a este tema y he escuchado tanto... ¿cuantas historias más hay por contar y escuchar?
Referencias:
*Las imágenes que acompañan el texto son pinturas de mi autoría, las cuales se encuentran a disposición de quién desee adquirirlas.





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